La Comisión Europea ha presentado el Industrial Accelerator Act (IAA), una ambiciosa propuesta legislativa con la que pretende reforzar la industria europea y aumentar su peso hasta el 20% del PIB comunitario en 2035.
El plan introduce un giro en la política económica de la Unión, apostando por un mayor intervencionismo para favorecer la producción interna, especialmente en sectores estratégicos como la automoción, el acero o las tecnologías limpias.
Entre las medidas destaca el establecimiento de requisitos estrictos de origen para los vehículos eléctricos que opten a ayudas públicas, como su ensamblaje en la Unión Europea o que al menos el 70% de sus componentes —excluida la batería— sean de origen europeo.
Además, la propuesta endurece las condiciones para determinadas inversiones extranjeras en sectores estratégicos, exigiendo compromisos en materia de transferencia tecnológica, empleo y participación europea.
El texto abre ahora un proceso de negociación clave para definir conceptos como “bajo carbono” y equilibrar la autonomía estratégica con la apertura comercial.


